Kim Tschang-Yeul

La obra

Reccurence (Recurrencia)
2008
162 x 130 cm
Acrílico y óleo sobre tela

La obra, Recurrencia, repetición insistente, es un ejemplo del tema que ha ocupado la actividad de Kim Tschang-Yeul desde 1970 hasta el final de su vida en 2021. Este tema es el de la gota de agua.
Si nos detenemos a contemplar atentamente la pintura podremos ver tres motivos superpuestos como capas. Cada una de ellas es un período de su vida. En el fondo, la caligrafía oriental, encima el expresionismo abstracto que le fascinó cuando emigró a Estados Unidos. En primer plano, las gotas de agua que caen de forma diagonal de derecha a izquierda.

El artista

(Maing San, Corea del Norte,1929 – Seul, Corea del Sur, 2021)

Kim Tschang-Yeul (1929–2021) es uno de los artistas coreanos más reconocidos internacionalmente, especialmente por su singular pintura sobrelas gotas de agua. Su obra puede entenderse como una síntesis poética y filosófica entre la abstracción occidental y la tradición espiritual y caligráfica oriental.
La gota de agua: motivo central y obsesivo. A partir de los años 1970, Kim se dedicó casi exclusivamente a representar gotas de agua hiperrealistas sobre fondos de papel, tela o superficies con caracteres chinos. Estas gotas no son meras representaciones naturales, sino símbolos de meditación, efímeras, frágiles y al mismo tiempo poderosas. Una forma de despejar el yo, una práctica espiritual y artística a la vez.
Su pintura está profundamente impregnada de pensamiento zen y taoísta. La gota puede entenderse como una metáfora de la no permanencia, el vacío, la pureza y el instante presente. También existe una dimensión de autoconocimiento y liberación: pintar una gota es, para él, como un acto de purificación emocional.
Vivió y trabajó en París durante mucho tiempo, y estuvo influido por movimientos occidentales como el hiperrealismo, la abstracción lírica y el arte conceptual. Pero nunca renunció a su legado coreano: la caligrafía, el confucionismo, el simbolismo natural y el minimalismo oriental. Esta fusión da lugar a una obra híbrida y única con una identidad marcada por la tensión entre presencia y ausencia, figura y fondo, acción y contemplación.

La repetición del mismo motivo (la gota) a lo largo de décadas no es monotonía, sino un acto ritual. Esta reiteración -recurrencia- conecta con la estética de la meditación, el arte como disciplina espiritual, y con una concepción del tiempo no lineal.
Kim juega con la percepción visual: sus gotas parecen reales, húmedas, tridimensionales, pero son sólo pintura. Este engaño visual sirve para despertar la conciencia de quien mira: les obliga a parar, observar y entrar en un espacio de contemplación.