Eduardo Arroyo. Madrid, 1937-2018

La obra

St. Bernard Tonnelet / 1965.
95 x 79cm. Óleo sobre tela.

El título El barrilete de San Bernatrdo es una referencia directa al nombre de los perros adiestrados en el salvamento de viajeros perdidos en medio de la nieve, la niebla o la tormenta. Fue hecha por Arroyo siete años después de su exilio voluntario en Francia huyendo del opresivo ambiente cultural existente bajo el franquismo. Los tres colores que dominan la obra, blanco, rojo y azul coinciden con los de la bandera francesa, símbolos de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Los colores son planos; el blanco de la nieve, el azul del cielo, la silueta ondulada de las montañas en la parte superior. La única profundidad en el espacio pictórico viene dada por la manga azul en primer plano que sobresale sosteniendo el volumen rojo, a modo de manta protectora. Es difícil no poner en relación la obra con su nueva situación en Francia.

El autor

Arroyo llegó en 1958 a la capital francesa como escritor y periodista sin formación artística alguna. Sólo había realizado algunos dibujos o caricaturas para revistas.
En París, sin querer militar nunca en una organización concreta, tomó posiciones ligadas a la izquierda obrerista, desde el Partido Comunista Francés de obediencia soviética a la extrema izquierda.
Su amistad desde 1963 con los artistas Gilles Aillaud y Antonio Recalcati fue trascendental. Con ellos hizo la, en su época, polémica obra El fin trágico de Marcel Duchamp y en 1966 la serie Miró rehecho.
En 1963 expuso en la Bienal de París Los Cuatro Dictadores con los retratos de Hitler, Mussolini y sus continuadores Franco y Salazar. Conoció al crítico Gérald Gassiot-Talabot que impulsó el grupo de la Figuración Narrativa acentuando el aspecto crítico de esta pintura y diferenciándola del Pop Art americano y de los Nuevos Realistas franceses.

La pintura de la Figuración Narrativa parte de los objetos y de las imágenes con una mirada crítica integrándolos en una narración con un fondo literario y con influencias del cine, del cómic o, incluso, de la foto-novela.
En el mayo del 68, Arroyo colaboró en el Taller popular de la Escuela de Bellas Artes de París en la confección de carteles con imágenes y textos revolucionarios para distribuir en las calles y avenidas de París y mantener encendida aquella llama revolucionaria.
Esa etapa terminó inmediatamente después del fracaso de la experiencia revolucionaria, Arroyo se trasladó hacia Italia y entre 1970 y 1972 empezó para él una nueva etapa pictórica. Con la desaparición de Franco regresó a España.