Marc Grandeschamps

La obra

Sans titre (Sin titulo)
2001
162 x 130 cm / 63,7 x 51,1 in.
Óleo sobre tela

Esta pintura muestra de forma parcial una parte de un jardín en apariencia abandonado, en un inconcreto ambiente vacacional. La presencia humana sólo viene indicada por los objetos, el pie de una sombrilla cerrada y otras partes de mobiliario y elementos de jardín confusos. La luz protagoniza la escena, intensifica las formas y remarca las sombras con fuerza. Las pinceladas son líquidas y transparentes.
Es una obra figurativa hecha desde un punto de vista elevado, casi vertical. Sobre ella aparecen elementos pictóricos abstractos que nada tienen que ver con el escenario, por ejemplo, pequeñas gotas como lágrimas que descienden cuidadosamente desde puntos de la tela, nada recargados de pintura, manchas negras alargadas o cuadradas que no pueden ser sombras. Estas anomalías formales junto a objetos difícilmente identificables y una composición aparentemente descuidada, hace pensar en la reproducción pictórica de una fotografía accidental. No existe una historia o un símbolo que no sea el del misterio de la escena.

El artista

(Sallanches, Francia, 1960)

Desgrandchamps es uno de los más importantes pintores vivos de Francia, creador de un estilo propio inconfundible que pone a prueba los límites de la figuración. En una entrevista explicó, «lo que me despierta el deseo de pintar a menudo es un estímulo visual, algo que yo realmente vi, ya fuera un paisaje o un edificio que me intrigan.» Pintor de transparencias, evanescencias y «fantasmas líquidos», estos adjetivos son utilizados a menudo por los críticos de arte, que lo reconocen como un pintor con un enfoque particularmente inventivo y espectacular.
Desgrandchamps pinta figuras reales pero etéreas que revelan, a través de su presencia, que los minerales, los árboles, otras personas y los objetos siguen existiendo. Su pintura muy fluida crea gotas, como lágrimas, que contribuyen a la impresión de un mundo que está vivo pero que parece estar a punto de desaparecer.
Su obra no encaja en ningún movimiento ni en ninguna de las categorías habituales. Se puede calificar de «figurativa», con el matiz de que la figuración se desestabiliza constantemente y, en cierto sentido, se niega. Si representa un mundo, es un mundo mental.