Carlos Cruz-Díez

La obra

Jaune additif Denise «A» (Amarillo aditivo Denise «A»)
2007
180 x 80 cm
Cromografía sobre aluminio Dibon

Amarillo aditivo Denise “A”, está formada por líneas de 3 mm de ancho, de colores negro, rojo y verde, trazadas verticalmente de arriba a abajo. La proximidad de líneas y la combinación de colores crean unas aparentes formas geométricas, entre ellas un rectángulo amarillento alargado que atraviesa diagonalmente la obra. Cuando nos acercamos, podemos comprobar que ni el perímetro del rectángulo existe ni tampoco el color amarillo. Sólo existen en nuestra percepción, sobre todo el amarillo que es un color aditivo creado por la yuxtaposición de las estrechas líneas verticales de colores verde y rojo que producen una vibración óptica que forma el color amarillo en nuestra retina.

También las formas geométricas que distinguimos son el resultado de la acumulación de las líneas de color pero no son formas en el sentido tradicional del término. Se producen en el ámbito fisiológico, visual y también psicológico, ya que nuestra mente no ve un color aislado sino el conjunto cromático global.

La creación del amarillo en nuestro cerebro se basa en la descomposición de la luz blanca en tres colores primarios: el verde, el rojo y el azul. Cada par de colores primarios mezclados generan los colores secundarios por adición que son el amarillo, el cian y el magenta. El resto de tonalidades se obtienen modificando la cantidad de intensidad de los colores que se mezclan. Por tanto, y volviendo a nuestra obra, Amarillo aditivo es el color obtenido por la mezcla en nuestra retina del verde y el rojo.

El nombre Denise es un homenaje a la galerista de Cruz-Díez, Denise René, que desde el año 1955 protegió y estimuló a la nueva generación de artistas cinéticos después de la II Guerra Mundial. Esta obra tiene alguna otra versión, de ahí que se la clasifique como “A”, y fue realizada en 2007 posiblemente con motivo de la exposición que ese año hizo Cruz-Díez en su galería.

El autor

(Caracas, Venezuela, 1923- París, 2019)

Carlos Cruz-Díez, junto a Alejandro Otero y Jesús Soto, configuran la tríada de artistas que tras la II Guerra Mundial situaron a Venezuela en la geografía del arte moderno. Encontraron en la abstracción geométrica los fundamentos para desarrollar sus conceptos artísticos en el marco del arte cinético: prácticas que experimentan con la modificación de la percepción que producen la luz, el color y el movimiento, siguiendo el camino abierto por algunos artistas de las vanguardias históricas como Duchamp o Moholy-Nagy, Calder i Naum Gabo.

CCD nació en Venezuela en 1923. Era un país pobre con escasos recursos controlados por caudillos locales y gobernado por frecuentes regímenes autoritarios y dictaduras militares. Sólo a partir de los años 20 y 30 del s. XX, cuando se puso en marcha la explotación del petróleo en Venezuela, los beneficios económicos permitieron una cierta modernización de las infraestructuras del país pero no la mejora de la situación de pobreza e injusticia social de gran parte del pueblo venezolano.

La modernidad artística y las vanguardias eran casi desconocidas en Venezuela y CCD, como sus compañeros de generación, consideraban un deber histórico «inventar» una cultura moderna que no habían heredado.

El malestar que producía a CCD las dudas sobre su identidad como artista, la incertidumbre sobre el futuro político y cultural del país y la atracción de París como capital histórica de la modernidad, le decidieron a viajar a Europa en 1960 donde se reunió en París con su amigo Jesús Soto.

CCD había alternado sus estudios de arte con el trabajo en la prensa como dibujante y era un buen conocedor de las técnicas fotomecánicas para imprimir en color. También había estudiado las teorías históricas sobre el cromatismo, desde Goethe a las de Bauhaus hasta llegar a las teorías industriales de Edwin Land, inventor de la Polaroid. Cuando se instala en París ya estaba convencido de haber encontrado el tema fundamental de su carrera como artista: «lanzar el color al espacio», un discurso artístico original basado en la percepción del color producida por la fisiología del ojo humano y que ha ido desarrollando desde 1954 hasta el fin de sus días. Se basó en constantes experimentos con la irradiación que se produce cuando dos planos de color se tocan y generan una línea cromática virtual; con las inducciones o creaciones ópticas de colores complementarios, y con otras formas de modificación y recreación cromática con las que sitúa al espectador como involuntario “autor” de una obra que va siendo modificada con su propio movimiento. CCD llamó «módulos de evento cromático» a las estrechas líneas de colores que generan la percepción de nuevos colores, y «fisiocromías» a las obras en las que la retina genera nuevos cromatismos gracias a las propiedades físicas del color.