Michel Tyszblat
La obra
Ebrar
1974
89 x 116cm
Pintura de poliuretano sobre tela
Ebrar, del año 1974, forma parte de la serie dedicada al universo de la tecnología y del motor que Tyszblat pintó entre 1970 y 1978. Afirmó, “lo que me interesa es la técnica, los aparatos, las máquinas tan perfectas, tan pulidas en su apariencia y tan complejas en su interior”. Su mundo ilustra la mecanización de los estilos de vida, la “omnipresencia y la omnipotencia” de la tecnología.
Desmonta los objetos y los remodela creando una síntesis inspirada en el mundo frío e invasor de la industria y el motor de explosión, símbolo o metáfora de la matriz que genera energía. Cilindros, bujías, pistones, cables, tubos y pantallas flotan en un espacio irreal, dispersos o conectados formando nuevas combinaciones mecánicas con un aspecto elástico que modifica su silueta original. Adquieren un aire de ciencia ficción cuando en realidad están presentes y juegan un papel fundamental en nuestras vidas.
Las formas están claramente dibujadas y se recortan sobre el fondo de forma nítida sin superposiciones ni confusiones. El ambiente creado en la obra es más propio de un laboratorio que un taller mecánico.
El uso de la pintura en el poliuretano, técnica utilizada para pintar coches, o pavimentos reflectantes, dan una sensación de espacio aséptico. Sin presencia humana, las piezas tienen vida propia y parecen estar poseídas por una vida autónoma.
El artista
(París, 1936 – 2013)
El lenguaje plástico de Michel Tyszblat es un constante diálogo entre figuración y abstracción. Entre improvisación y método, lirismo y ascetismo, colores vivos y tonalidades rotas, sus obras contienen algo de ensueño y de meditación.
Tyszblat se sintió cerca de la Figuración Narrativa; amigo y compañero de los artistas de aquel movimiento como Bernard Rancillac, Jacques Monory o Hervé Télémaque, pronto tomó un camino paralelo, prefiriéndose evolucionar en solitario.
Esta búsqueda personal tiene al menos dos dimensiones que definirán su obra. Tyszblat no consideraba necesario abandonar la pintura abstracta puesto que la consideraba una de las grandes rupturas de la vanguardia. Las figuras biomórficas de Joan Miró, los colores saturados de Vassili Kandinski o, en unos años posteriores a la obra que nos ocupa, las transparencias de las capas de pintura de Arshile Gorky definen un tratamiento pictórico que demuestra un cuidado interés por el expresionismo abstracto americano y por la pintura que se había hecho desde los Estados Unidos.
Paralelamente Tyzsblat se aparta de la dimensión más política y social de la Figuración Narrativa, en un momento histórico en el que los efectos de mayo del 68 en París, las guerras coloniales y las tensiones sociales estaba también muy presente el ambiente de los artistas jóvenes. Parece como si viera en Arshile Gorky un modelo del artista que, sin entrar en confrontación con su amigo Breton, desde 1947 se negó a ser considerado surrealista mientras algunos destacados expresionistas abstractos como Newmann y Pollock le consideraron la semilla de su movimiento. Tyszblat, que siempre había puesto nombres casi incomprensibles en sus obras y que parecen acrónimos más o menos fantasiosos, tituló a un tríptico del año 1973, Hommage à Arshyle Gorki en la única referencia a un artista a lo largo de su obra.
La síntesis entre dos modelos de abstracción históricamente antagónicos, el modelo geométrico y el modelo orgánico convivirán en su pintura
La obra del artista se desarrolla a lo largo de casi cincuenta años, entre 1967 y 2013. Sus biógrafos la dividen en una serie de etapas que llaman islas.
Tras la dedicada a los juguetes y la infancia entre 1967 y 1970, se sumergió en la reflexión sobre la presencia de tecnología, etapa a la que pertenece la obra que estamos comentando. A partir de 1970 fue evolucionando hacia la abstracción hasta 1980, cuando se produjo un cambio importante.
Aparece por primera vez la tercera dimensión y la figura humana que, esquemática y estilizada, se mueve por las calles de París en un espacio espléndido de color pero incómodo, denso y lleno de obstáculos.
En la década de los 90, la llamada serie de retratos indica un cambio sustancial. La superposición de capas pictóricas y la descomposición de las figuras sin abandonar un cromatismo intenso nos señala la forma en que el artista se adentra en un expresionismo que ya no abandonará.
Las últimas etapas, de los grotescos y las zarabades se refiere a la dimensión musical de Tyszblat. Pianista, compositor, intérprete de jazz desde los nueve años –había actuado en público junto a músicos de renombre-, Tyszblat introduce el jazz, “esa palabra mágica que suena como una descarga eléctrica”, en su pintura. Títulos con nombres de piezas clásicas del be bop, con referencias a grandes artistas como Charlie Parker, Billie Holiday o Miles Davis definen la última gran serie de Tyszblat que nunca dejó de abrirse a nuevas temáticas que se interrumpieron en el 2013 con su muerte.