Antoni Taulé

Las obras

Nautilus 9
2004
110 x 179 cm
Óleo sobre tela

La obra pertenece a la serie Nautilus, el nombre de la nave submarina del capitán Nemo, proscrito y solitario, en una cita al protagonista de la obra clásica de Julio Verne, Veintiún mil leguas de viaje bajo los mares. En una escena, Nemo, “Nadie” en latín, muestra a dos intrusos el interior de la nave y la gran sala que contiene las mejores obras de arte de la historia de la humanidad.
Nautilus 9, tal como ha hecho Taulé en muchas de sus obras, presenta una disposición dividida en un gran espacio interior no demasiado definido y un espacio exterior abierto por donde entra una luz intensa y de tal modo cegadora que no permite verla claramente; tan sólo el relieve seco y pedregoso de un fragmento de costa bañada por un mar en calma. No está de más remarcar aquí que Taulé es un enamorado de la isla de Formentera, donde pasa largas temporadas.
El interior está oscuro. La luz exterior no penetra en su totalidad. De las paredes de la sala cuelga una vitrina aparentemente vacía como a la espera de algún objeto y un cuadro muy conocido de Goya, el autorretrato de 1815 de finales de su vida, ya recluido. Es otra cita al modo del “cuadro dentro del cuadro”, quizás a modo de espejo.
Taulé utiliza la técnica clásica de la pintura al óleo sobre lienzo en grandes telas donde la soledad de los exteriores se multiplica en la de los interiores, deshabitados y donde a veces se hace presente a un personaje enigmático que parece parado en el tiempo.

Une histoire
(Una historia)
1978
60 x 90 cm
Fotografía

Taulé es pintor pero desde buen principio las fotografías eran un medio, una herramienta en el proceso previo a la pintura. Pero a partir de un momento, el medio se confundió con el fin. Las fotografías son tan enigmáticas como los cuadros. Los lugares debían estar vacíos, y era necesario escoger sobre todo la hora y el día: era muy importante saber captar el instante que el sol despuntaba y la luz penetraba horizontal en el interior.
A diferencia de la pintura, la fotografía designa la espera del momento, y en seguida el momento en sí, un instante; la pintura, en cambio, se extiende en su duración y se va construyendo progresivamente, en una sucesión de pinceladas y de capas que transforman el tema y lo impregnan de una insistencia casi obsesiva. Ya desde los años setenta, en fotografías como Bonnet rouge (Barretina, 1977), y Miroir (Espejo, 1985), la cámara de Taulé capta la extrañeza inquietante del lugar, dispone unos elementos, personas u objetos, profundamente ambivalentes, enigmáticos, que después se metamorfosean en los cuadros.
A esta serie fotográfica pertenece la obra, Une histoire (Una historia, 1978) que forma parte de la colección de la Fundación después de la exposición antológica que Taule presentó en 2017. Si en la fotografia, la luz, protagonista principal, delimita nítidamente los contornos del lugar y de los objetos, en los cuadros se covierten en simbólicos, imaginarios.
De forma anecdótica se puede añadir que el personaje que aparece pensativo en la fotografía es un gran amigo de Taulé, el artista, actor y director de cine, Michel Pommereulle, desaparecido en 2003 y de quien la Fundación tiene una obra en su fondo.

El artista

(Sabadell, Cataluña, 1945)

La pintura de Taulé se basa en su atracción por los grandes espacios vacíos. En ella se encuentra la dialéctica del vacío: un diálogo de los grandes espacios interiores con la luz (o con el contraluz, como en la serie de las cuevas que había pintado en Formentera, durante los años ochenta, pero también en las obras de las demás épocas). Una dialéctica, por extensión, entre el espacio interior y el exterior, que penetra en el cuadro mediante la proyección casi cinematográfica de la luz. Una luz que desvela el interior oscuro y revela su naturaleza inquietante y enigmática. Y que a la vez recuerda el paisaje exterior, indefinido, inconmensurable. El interior es pues el escenario de la luz que viene de fuera. Un escenario lujoso, marcadamente arquitectónico. Y vacío, inhabitable sino es en sueños. Porque todos estos espacios, estas situaciones inexplicables, están hechos de la materia de los sueños. Importancia, igualmente de los pasillos, de los portales, de los lugares de paso, espacios imprevisibles.