Cómo nació todo

En el acto de conmemoración de los 15 años de la Fundación Stämpfli, fruto de la amistad, la confianza en Sitges y el interés por el arte, Peter Stämpfli, Pere para los sitgetanos, recordó los orígenes del proyecto en este escrito publicado el 9 de mayo de 2025 por el emblemático semanario L’Eco de Sitges

Amigos sitgetanos.

El otro día paseaba por las calles de París y, de repente, un señor me detiene y me pregunta: “Usted es de Sitges, ¿verdad?” Yo le respondí con un poco de recelo: “Si es de la policía o del fisco, no hace falta que me dirija la palabra”. Pero él contestó: “¡No! ¡Qué va! Es que soy de Sitges y le conozco de haberle visto allí”. Entonces, más tranquilo, le respondo: “¡Encantado! ¿Qué puedo hacer por usted?” “Nada”, me dice. “Me gusta hablar de nuestro pueblo, que queremos”. “Pues a mí también”, le respondo. “Hace más de 60 años que vivimos allí”. Y él continúa: “Se han hecho muchas cosas en Sitges, pero tú has hecho una Fundación de arte. ¿Cómo ha sido posible reunir a tantos artistas para hacer una gran colección de arte?” “La amistad”, le respondo. “En París circulan muchos artistas del mundo entero. Conocimos a algunos con los que entablamos amistad. Y, sobre todo, la confianza en Sitges y el interés por el arte”. Entonces él preguntó: “¿Cómo se te ocurrió la idea de crear una Fundación de arte, y cuándo empezaste?”

Todo empezó en 2005, cuando me invitaron a participar en una mesa redonda. Todo el mundo hablaba de proyectos y del futuro de Sitges. Mi intervención fue breve: «En Sitges tenéis de todo: festivales de cine, de poesía, de jazz, de pintura, de música, de teatro. Fiestas populares, congresos, conciertos. Tenéis tres museos: el Cau Ferrat, el Maricel, el Romántico. ¡Tenéis a Rusiñol! Y tantas obras de un valor incalculable en su Cau, como El Greco, Picasso, Gargallo, etc. Tenéis una colección magnífica y única de obras del siglo XIX y XX. Lo tenéis todo. Pero… ¡os falta una cosa!: os falta el arte contemporáneo internacional». El alcalde, Jordi Baijet por aquel entonces, me contestó: «Me gustaría mucho dotar a Sitges de un museo de arte contemporáneo e internacional, pero no sé qué obras debo comprar y, además, no tengo el dinero para hacerlo». Y yo le respondí: “Si confías en Anna y en mí, en un año os traeremos a Sitges una colección de arte moderno internacional”. Enseguida me di cuenta de la gran responsabilidad que recaía sobre mí.

Al volver a París, donde tengo mi trabajo, Anna y yo nos pusimos manos a la obra: llamadas, muchas llamadas, para explicar nuestro ambicioso proyecto y convencer a nuestros amigos artistas, críticos de arte, directores o responsables de museos para que creyeran en él. Muchas visitas a sus estudios, que, por cierto, fueron una gran experiencia y de gran interés para mí, para explicar qué era Sitges y qué queríamos hacer allí con un proyecto ambicioso. También encargamos a nuestro amigo notario que nos preparara la escritura de la fundación y los documentos de donación de las obras, y al alcalde Baijet que nos diera una carta de apoyo para dejar claro que era un proyecto con futuro y para Sitges. Poco a poco me daba cuenta de la importancia que tomaba la iniciativa, que nos ocupaba todos los días y durante meses. De hecho, entre 2006 y 2011 dediqué horas y más horas a crear la colección e imaginar y construir el edificio.

Nos costó convencer a algunos de los artistas, porque todas las obras de la colección son donaciones a nuestra Fundación y, por lo tanto, al pueblo de Sitges. No hay ni una sola comprada. Y los artistas, poco a poco, nos fueron dando su confianza. La primera piedra estaba puesta. Al cabo de un año, con todo el entusiasmo, pude comunicar al alcalde —que, por cierto, me compartía sus dudas sobre el resultado del proyecto— que ya teníamos la fundación, una parte de la colección y dos edificios en la calle d’en Bosc para colocar las obras. Hicimos una rueda de prensa en el Ayuntamiento para explicarlo y el alcalde Baijet dijo allí: «Para colocar las obras os doy el antiguo mercado del pescado, que hoy día ya no sirve para nada, porque ya tenemos uno nuevo». No le di las gracias, pero quedé muy contento, porque mi proyecto era para la Villa de Sitges y esa respuesta lo engrandecía. Pero el alcalde seguía con dudas por el trabajo y no quería pronunciarse de verdad hasta no tener las obras en Sitges y verlas.

Y así fue. Una vez reunida la mayor parte de la colección, quisimos llevarla a Sitges y pensamos en hacer una presentación al pueblo de todo lo que habíamos reunido. En el verano de 2009 imaginamos una exposición en el Miramar, porque las obras de los edificios de la fundación avanzaban despacio. El alcalde y el concejal de Cultura, entonces Gabi Serrano, y el director de los museos, Toni Sella, fijaron la fecha: finales de marzo de 2010. Empezamos a invitar a los artistas donantes e incluso al conseller de Cultura de la Generalitat (nos recibió en su despacho de la Rambla el 26 de agosto de 2009) para que nos acompañaran aquel día con toda solemnidad. Y, efectivamente, la colección llegó a Sitges en un gran camión que transportaba las obras desde París, y al llegar a Aiguadolç, la policía local lo esperaba y lo acompañó hasta la Torreta, y desde allí nuestro queridísimo Isidre Panyella lanzó 21 morteretes de saludo y bienvenida de Sitges a las obras.

El sábado 20 de marzo se inauguró en el Edificio Miramar la primera parte de la colección, a la cual todos los artistas donantes estaban invitados para participar en el acto. Todos aceptaron la invitación y se desplazaron desde Francia, Italia, Suiza, Escocia y otros países, y se alojaron en el Hotel Calipolis. ¡Hacía mucho tiempo que Sitges no reunía a tantos artistas de tanto renombre en un solo día! La víspera hicimos una cena de agradecimiento en La Fragata y el mismo día 20, la noche de la inauguración, otra cena en el Pic-Nic, donde nos acogieron los hermanos Matas, que siempre nos han mostrado cariño. No hace falta decir que todos nuestros amigos estaban contentos de estar con nosotros y muy orgullosos de lo que Anna y yo habíamos hecho, y todos se enamoraron de Sitges y guardan un buen recuerdo de aquellos días. La exposición tuvo éxito de público y estuvo abierta hasta el 23 de mayo, e hicimos varias visitas guiadas con mucha gente, algunas por Serge Lemoine y otras por Daniel Giralt-Miracle, ambos muy buenos amigos. El Ayuntamiento editó un catálogo magnífico en dos versiones, una en catalán y francés y la otra en castellano e inglés, que aún hoy son una gran carta de presentación.

Y bien, manos a la obra. El Ayuntamiento nos dejó el edificio del mercado vacío, solo con las cuatro paredes sucias. Y yo me comprometí a convertir esas cuatro paredes en un museo, utilizando también el estudio que tenía en la parte de la casa llamada Can Mec, que tengo cedida al Grup d’Estudis para que realice su tarea cultural. La obra se alargó más de un año y terminó a finales de 2010, siempre con la colaboración de Josep Maria Coll Guinart, el arquitecto amigo que nos acompañó siempre en este proyecto. El día 30 de enero de 2011, un domingo por la mañana, izamos con gran asistencia de público y con gran pompa la bandera de la Fundación sobre el edificio del antiguo mercado del pescado para inaugurar las instalaciones, y pocas semanas más tarde ya teníamos expuesta la primera parte de las obras, todas cedidas gratuitamente con gran generosidad por parte de los artistas o de sus descendientes, al pueblo de Sitges a través de la fundación.

El resto ya lo conocéis. Los primeros días de 2016 empezamos unas obras muy importantes en la calle d’en Bosc 5 y 7, conocida por todos como “Can Serramalera”. Derribamos el interior, hicimos un sótano y finalmente, el 13 de octubre de 2018, pudimos comunicar los dos edificios, que presentamos al público vacíos, sin obras. En el nuevo edificio hay tres nuevas salas de exposición donde desde febrero de 2019 puedo ofrecer a Sitges una selección de mi obra.

Hoy somos felices y estamos orgullosos de haber podido llevar a Sitges el arte contemporáneo internacional, y damos las gracias a Sitges y a los sitgetanos por la confianza que nos han dado durante todos estos años, por enriquecer la cultura de nuestro pueblo y por habernos acompañado siempre en todos los actos y exposiciones que hemos hecho en la fundación. En mi vida solo he tenido dos amores: Anna y Sitges.

El sitgetano que me había detenido por las calles de París escuchaba interesado. “Gracias, Peter; Pere, como te llamamos nosotros”, dijo. Después, explicándome que había visitado el arte contemporáneo internacional y mis obras allí expuestas, me preguntó: “Una sola pregunta: ¿Cómo sitúas tu obra en el arte contemporáneo?” Y yo le respondo: “Me han situado en el Pop Art y en la Figuración Narrativa —hasta decir: ‘Stämpfli es un artista figurativo que hace abstracción’ y ‘Stämpfli es un artista abstracto que hace figuración’—. Mi obra es una constante, un análisis, un diccionario de la vida cotidiana: de los gestos de cada día y de los objetos de nuestro entorno hasta llegar al símbolo de nuestra época: el automóvil. Del volante a la carrocería, de la carrocería a la rueda, de la rueda al neumático y a la ampliación monumental de su estructura en todas las formas, colores, técnicas y dimensiones, para llegar por último a su negativo: la huella. ¡Ya me dirás!”.

Peter Stämpfli
París
Primavera de 2025