Bernard Rancillac

La obra

La Roue de la Connaissance
(La Rueda del Conocimiento)
1985
195 x 130 cm
Acrílico sobre contrachapado, rueda de bicicleta y objetos

La obra confronta, no sin ironía, la espiritualidad oriental con la moda que la convirtió en objeto de consumo occidental en lo que va de los años 70.
El artista representa una imagen técnicamente muy simple de Buda, un dibujo inspirado en una fotografía o ilustración de revista. Con una radical economía cromática, con pocos colores planos, la única sensación de profundidad viene dada por algunos objetos de tienda de recuerdos turísticos (2 pequeñas imágenes budistas de cerámica barata y un colgante de latón dorado) que, significativamente, parecen colocados desde el espacio del espectador.
En el centro del rostro de Buda está ubicada una rueda de bicicleta, evocación de la rueda del Dharma, del cambio o la transformación. Es un símbolo budista que señala el camino ascendente y descendente hacia la iluminación y el conocimiento. La rueda muestra cómo el orden de las cosas funciona de forma natural sin intervención de fuerzas externas.
Por otra parte no debemos olvidar que «Rueda de bicicleta» fue una de las más radicales obras que Marcel Duchamp realizó en 1913. Una rueda, insertada verticalmente en un pequeño taburete de madera, puede girar libre pero inútilmente ya que no avanza, inutilizando también la función del taburete.

El artista

(París, 1931- Malakoff, Île-de-France, 2021)

Bernard Rancillac fue uno de los principales organizadores junto con el crítico Gassiot-Talabot, de la exposición de 1964, Mitologías Cotidianas en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París. En ella se consagró la Figuración Narrativa como alternativa al pop-art americano mediante una ácida crítica a la vida política, económica y social de los años 60 y 70. Artista imprevisible y cambiante, su pintura conoció variaciones planificadas desorientando a sus seguidores ya fueran galeristas o coleccionistas. Esta práctica de la contradicción consigo mismo tenía como propósito el de no encasillarse como artista en una única definición.
Siempre desafió el gusto establecido ya fuera con series de personajes extraídos de los dibujos animados más conocidos, como El retorno de Mickey, confrontándolos a escenarios de denuncia política y social propia de los años 60, guerra de Vietnam, la revolución cultural china o la guerra de Argelia.
Cada vez más implicado con la izquierda radical francesa de aquellos años, se comprometió, con otros artistas, con iniciativas como el Taller Popular de la Escuela de Bellas Artes de París durante la revolución de Mayo de 1968.
A partir de finales de los años 70 y 80 su obra se apartó del posicionamiento político sin dejar de poner al espectador de forma impertinente ante los nuevos mitos creados a través de los medios de comunicación.